sábado, 10 de marzo de 2012

Un fin de semana con Rosa Zaragoza.


En enero, la cantante catalana Rosa Zaragoza estuvo en Galapagar en un encuentro organizado por Lorena y Elisa (de La Violeta y 107 Espacio Abierto). No sé cómo llegué a su canción "Rumba de las madres" y, desde que la escuché por primera vez, ya embarazada, me emociono cada vez que la pongo:



Por eso, en cuanto me enteré de que se acercaba por Madrid, no lo dudé, tenía que ir allí. Además, quería intentar desconectar de la ansiedad, los problemas y las preocupaciones y conectar con el bebé. Durante esos dos días pude compartir momentazos junto a otras mujeres, con y sin hijos, un papi y otras embarazadas. El taller se llamaba "Cantar y bailar, nacer y renacer".

Lo primero que hicimos fue poner música a nuestro nombre en un verdadero "streaptease del alma" pero uno de los ejercicios o juegos, si preferimos verlo así, que más me gustó fue el de recordar nuestra genealogía femenina. Como a nuestro hijo le estamos haciendo un árbol genealógico me resultó fácil recordar hasta los nombres de mis tatarabuelas. Pero esto era más que eso, había que rememorar o reconocer las cualidades positivas de esas personas, cualidades, recuerdos buenos y, sobre todo, las canciones que nos habían transmitido esas mujeres. ¡Ahí residía la dificultad de algo aparentemente tan fácil! ¡Cuántas veces sólo podemos ver lo malo, lo negativo y lo traumático! Y tanto más difícil cuanto más nos acercábamos a la base del árbol genealógico...

Desde aquí quiero rendir ese homenaje a las mujeres de mi familia que me precedieron:

Bisabuela María: recuerdo tus rosquillas, tu pelo blanco y tu fortaleza de mujer de campo.

Bisabuela Angeleta: recuerdo tu simpatía y que siempre me decías "mol maca" cuando me veías.

Abuela Petra: me enseñaste canciones como "la chata berenguela" y nos cantaste a todos los primos "vamos a la cama" o "la conga de Jalisco" mientras íbamos en fila hasta la habitación. Según muchos familiares, nos parecemos físicamente, lo que me alegra, ya que siempre has tenido una cara muy bonita y con mucha personalidad.

Abuela Teresa: me has transmitido energía, fuerza y potencia. Me enseñaste a cantar esa canción tremenda que dice "Amor de hombre... que estás haciéndome llorar una vez más..." :P

Tías Ana, Rosa y Gemma: vuestro sentido musical ha iluminado siempre las reuniones familiares, siempre me gustó escucharos cantar la jota de "Es la chica segoviana... la mujer que yo más quieroooo".

Tías Ángeles y Mayte: De Ángeles recuerdo las canciones de los ochenta que ponías en el radiocasette, de Mayte recuerdo que me enseñaste con 4 o 5 años canciones de Leño: "las cucarachas" y la de "corre, corre, corre que te van a echar el guante..." :)

Mi madre, Ofelia: Me has transmitido tus ojos, parte de tu inteligencia, independencia, afán de superación y fuerza de voluntad.

Como dije ese día, me costó mucho fijarme sólo en la genealogía femenina sin hablar de la masculina, ya que los hombres de mi familia me han transmitido muchísimo, también en el plano musical o cantarín. ¿Cómo no mencionar a mi padre y su inseparable guitarra? Creo recordar que también íbamos a hacer el mismo ejercicio con ellos pero finalmente no hubo tiempo. En cualquier caso, y ahora que se va acercando la fecha del parto, yo también tengo mucho más presente a las mujeres de mi familia, a las que parieron antes que yo, para darme fuerza acordándome de ellas y pensar que si ellas pudieron, yo también.

De las canciones que recordaron las otras mujeres, me gustó mucho la jota que dice "y si no se le quita bailando, los colores a la molinera..." y la canción de Mikel Laboa que habla de un pájaro sin alas:



Hegoak ebaki banizkio
nerIa izango zen,
ez zuen aldegingo.

Bainan, honela
ez zen gehiago txoria izango

eta nik...
txoria nuen maite.

Si le hubiera cortado las alas, habría sido mío, no habría escapado. Pero así, habría dejado de ser pájaro. Y yo, yo lo que amaba era un pájaro.

Para mí, uno de los momentos más especiales del taller fue el de crear una canción de bienvenida para nuestros bebés. Nuestra canción tiene una melodía muy sencilla que a veces en casa tocamos con la guitarra y la letra, todavía inacabada, y dice algo así:

"Querido niño,
nuestro amor,
serás tu mismo,
tu propio amor.

Cuánta gente amó para que nacieras,
cuánta vida, sueños, noches de pasión...
Hubo también momentos muy duros,
que se curan desde el corazón...

De los ojos de Goya,
a la honradez de papá,
de la fuerza del campo
a la huida a la ciudad,
de la voluntad de Ofe
a la rebeldía de mamá,
la seriedad de Pedro,
cariño de Soledad,
la belleza de Petra,
Pura y su serenidad,
la manita de Luis,
Javi y la musicalidad.

Siempre te acompañarán,
siempre te acompañarán,
tu camino seguirás
y siempre recordarás
cuál es la línea ancestral
que te une a los demás..."

Rosa iba intercalando canciones de sus discos y las bailábamos con alegría. ¡Qué bonito! Y es que sus canciones mezclan espiritualidad y sensualidad, quizás por eso mismo llegan tan adentro. He de decir que yo no creo en Dios ni en ningún ser cuya existencia no pueda ser probada, pero sí me considero una persona espiritual, a mi manera. Quizás sea una forma de relacionarme con las ideas y sentimientos trascendentes como el amor y la libertad, de unir el mundo interior, sólo existente para mí en una base material, con el mundo exterior: la naturaleza, los otros seres humanos, el universo...

Gracias a las compañeras de taller y sobre todo a Rosa, por todas las canciones para nacer, vivir, morir, parir, despedir y amar.

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