viernes, 24 de febrero de 2012

Cero en conducta.



Si para algo sirven los colegios, institutos y universidades es para enseñar a los niños cómo funciona el sistema. Todas estas instituciones siguen el mismo modelo: tienen unos horarios semanales, unos reglamentos que se imponen desde arriba, una cúpula dirigente, un jefe de estudios, la posibilidad de abrir expedientes sancionadores a los alumnos que incumplan las normativas e imponen castigos y premios. Si eres buena chica, atenderás en clase, no hablarás con tus compañeros, tomarás notas de lo que dice el profesor, memorizarás y expondrás en un exámen lo que se supone que quiere leer el profesor. Si lo haces muy bien conseguirás un 10, un premio, a pesar de que después del verano seguramente ya hayas olvidado todo. En algunos colegios, a los niños más pequeños les ofrecen "estrellitas" o puntos si ese día se han portado bien. Parece que a nadie le importa que esos premios estén totalmente huecos por dentro, sean una mera ilusión y que quizás algún día el alumno termine por darse cuenta del embuste. Se supone que no somos burritos que avanzan engañados con una zanahoria.

Después, en la hipotética incorporación al mundo laboral, el alumno pasa a ser asalariado. Allí se repiten algunos esquemas del cole, como el del castigo-premio. El premio puede ser un ascenso, una comisión por ventas, un regalo o, simplemente, conservar el trabajo mientras comienzan a echar a los demás. El castigo puede ser el despido o una sanción disciplinaria. El sólo hecho de abrir un expediente disciplinario a un trabajador ya constituye en sí mismo un castigo, dado el estrés que produce y la energía y dinero que tiene que perder en defenderse.

Ahora que está tan de moda el tema de la "autoridad" de los profesores en las aulas, creo que es el momento de reivindicar, como en todo, una reflexión profunda sobre el papel del sistema escolar en nuestra sociedad. ¿Queremos o necesitamos que nos guarden a los niños mientras los padres trabajamos? ¿Queremos que les enseñen "cosas"? ¿Queremos que aprendan a pensar o a repetir? ¿Queremos que sean críticos o corderitos? ¿Sumisos o rebeldes? ¿Respetuosos o pequeños explotadores en potencia? ¿Para qué sirve la escuela? ¿Qué aporta ese título? ¿Un mejor trabajo o un billete como emigrante hacia otro país?

En mi caso, de pequeñita nunca me gustó ni el colegio, ni los profesores ni el mundo que yo percibía como violento de las clases, el comedor y los recreos. Sonaba la campana del fin del recreo y todos corrían sin importar si tiraban a niños más pequeños. Por supuesto, también jugábamos y nos divertíamos pero me gustaba muchísimo más el juego libre en el parque, en el portal, con mis vecinos y con los amigos que yo elegía. Creo que nunca conseguí adaptarme al cole a pesar de que de forma superficial sí lo hice.

Después vinieron otros coles y otros institutos. Sacaba buenas notas, supongo que porque era lo que se esperaba de mí pero siempre pensé que todo el sistema educativo estaba mal planteado, estudiaba no para aprender sino para vomitar la información en un exámen y después olvidar. Por supuesto, en medio de esta oscuridad hubo luces, asignaturas o, más bien, profesores que me transmitían muchísimo, que se apasionaban por enseñar y se notaba, hacían pensar, analizar y crear cosas nuevas. Pero, en general, los temas aparecían aislados en compartimentos estancos, por ejemplo, con lo bonitas que son las matemáticas, ¡qué difíciles y grises parecían!

Y, finalmente, la universidad, el lugar donde terminar de acabar con el ansia de aprender del ser humano: clases de 200 personas, tomar apuntes como robotitos, profesores monologuistas, peyas... Creo que todo lo bueno que tuvo mi año de COU lo perdí después de cinco años en la Facultad de Ciencias de la Información. Tantos estúpidos exámenes estudiados con apuntes de otras personas terminaron por hacerme profundamente inculta. ¡Ya no sabía escribir! ¡Cómo es posible que escribiera mejores redacciones con 10 años que con 24! ¿Sería que ya no leía ni escribía mas que hojas fotocopiadas y exámenes tipo test?

Seguiremos reflexionando...

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